Cuando el arte nos llega al corazón. Evaristo Bellotti

Hoy nuestra mirada artística es para una obra que siempre permanecerá en mi memoria. En el año 2008 Evaristo Bellotti recibió uno de esos proyectos con los que todo artista sueña. El encargo fue -hacer una obra escultórica para exponer en el Palacio de Cristal- situado  en un rincón del madrileño Parque del Retiro. Un espacio singular y mágico construido a finales del siglo XIX para albergar la exposición de flora de las Islas Filipinas. Por ello el primer pensamiento que surge en la mente del artista es competir con el espacio, idea que deshecha para terminar haciendo un trabajo a ras del suelo. Un radicalismo humilde que potencia el espacio arquitectónico y aporta muchas novedades conceptuales a su trabajo. La verticalidad como referente escultórico queda reducida al minimalismo de lo plano, a la horizontal del suelo.
La obra se compone de 1.600 losetas de mármol de Macael. En ellas el artista ha realizado unas hendiduras, huellas de identidad, recuerdo de las ancestrales marcas de cantero, grabadas en la piedra, como un signo indeleble y escondido en el legado de las catedrales góticas. Las losetas se revisten de una fina lámina de agua a modo de veladura transparente (que no deja tocar directamente la obra), espejo reflectante donde la mirada se entretiene.
Arquitectura acristalada, contenedor de emociones que recoge el verdor de la arboleda y las luces cambiantes del día, como si de un pintor impresionista se tratase (estos, eran artistas obsesionados por el aspecto cambiante de los objetos con la luz). En la obra de Bellotti esta obsesión se transforma en una forma de ser natural y gratuita, que genera vida propia en la escultura, cada minuto es diferente del anterior.
Renovador, es también, en la invitación que hace al espectador; para contemplar la obra es necesario descalzarse y transitar por ella. Un recorrido emocional y efímero donde el espectador toma un papel activo. Un espacio que no es estancia arquitectónica, es belleza, pura poesía.
Pero además en esta obra he querido ver un acercamiento al ser humano, a la generosidad y al compartir. Para pensar en la necesidad de los otros, partimos de la belleza del dar, donde el yo desaparece para potenciar el tú, y es aquí donde se fragua una vida rica.
La verdadera bondad solo la hallamos cuando te descalzas ante el otro y decides acompasar sus pasos. Siempre es la capacidad  de dar, que tiene el ser humano, la que agranda el corazón.

Como decía el poeta:

En el “meeting” de la Humanidad

millones de hombres gritan lo mismo;

¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo! …

            ¡Cu, cu, cantaba la rana; cu, cu, debajo del agua! …

¡Qué monótona es la rana humana!

¡Qué monótono es el hombre mono!

¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo! …

La rana es mejor

¡Cu, cu, cu, cu, cu!

Sólo los que aman saben decir ¡Tú!

                                                       Jacinto Benavente

                                            Bellotti1 (1)Evaristo Belloti

Mercedes Sierra.

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