Rothko en el Thyssen, verde sobre morado

El poder hipnótico de este cuadro atrapa al espectador en una experiencia exclusivamente emocional.   El espacio deja de existir para dar paso a una abstracción plana puramente óptica.  El verde de un irregular acabado, es trabajado por el artista a base de finas veladuras transparentes (sabiduría que los primitivos flamencos aplicaron a los objetos y decorados de sus cuadros obteniendo calidades casi fotográficas).   Un verde que necesita contrastar con la neutralidad del morado para dar su mejor acabado. Elegancia fría y seductora que gusta o no gusta pero que nunca te deja indiferente.

Aunque Rothko, nació en Letonia la mayor parte de su vida transcurrió en Estados Unidos, por ello, enseguida nos viene a la mente una corriente artística donde ubicarle, el Expresionismo Abstracto, una concepción que el propio artista ponía en tela de juicio, ya que  para él, su obra no se podía tildar de abstracta.

“Un cuadro toma vida ante la presencia de un espectador sensible, en cuya conciencia se desarrolla y crece”. Estas palabras de Rothko ilustran muy bien el carácter emocional que otorgaba a los campos de color que invadían sus cuadros. Un color que se interpone entre la emoción tangible -tragedia, éxtasis, destino…- y el espectador.

Mercedes Sierra

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. José Luengo de la Torre dice:

    Estupenda pintura. Yo quiero una.

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    1. Ja Ja ja y yo otra. Me la pido

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