Arte urbano en el Barrio de las Letras

Felipe IV, con los planos de La Corrala de la Cruz

Cuando hablamos de arte, solemos hacerlo a través de grandes obras consagradas en exposiciones e importantes museos, pero no solemos prestar mucha atención a ese arte urbano que toma el pulso a nuestro ritmo cotidiano y siempre está ahí, formando parte de nuestro paisaje, educando la sensibilidad.
La configuración de una ciudad compleja como Madrid requiere un estudio serio y profundo de la intervención de los artistas en la misma.
Ángel Aragonés, en el año 1990 recibió el encargo municipal de recrear el chaflán ubicado en la confluencia de la calle Espoz y Mina con la calle de la Cruz, uno de esos lugares pintorescos del Madrid Literario.
La pared contiene una pintura que refleja la perspectiva de la misma calle, Espoz y Mina, que el viandante deja a la espalda cuando sube por ella desde Sol, como si se tratara de un espejo, de manera que está viendo de frente lo que ha dejado atrás .
En un rincón aparece el propio rey Felipe IV, cuya regular asistencia al hoy desaparecido Teatro de la Cruz, ubicado aquí en este cruce de calles, ha sido recogida por el pintor como si fuera un cronista del siglo XVII.
La pintura mural, cuyos orígenes se remonta al Paleolítico Superior, surge en las cuevas rupestres de los primitivos asentamientos humanos, posteriormente quedó vinculada a la arquitectura a modo de decoración interior y exterior de los edificios más representativos. Es por tanto esta antigua técnica del fresco un punto de interés y referencia para este trampantojo (engaño al ojo).
Antes de comenzar el trabajo, el artista inspecciona la zona. Observa lo que ocurre en la fachada, rastrea el entorno, las casas colindantes, los transeúntes, indaga su pasado y escucha su presente. Todo ello es importante, como nos confiesa el propio pintor que se ve condicionado por el entorno. No puedo hacer mi capricho. Estoy elaborando un paisaje, un elemento para todos y debo ser respetuoso con el medio. Escucho más que grito“.
Una gama muy original de colores, con predominio de los tonos pastel decoran este muro. Y es el propio artista quien los elabora, a base de mezclar pigmentos (orgánicos y minerales) con materiales indelebles e impermeables, que no se descomponen con la luz y son muy duraderos.
La ausencia de barniz de estos colores hace que carezcan de brillo, son totalmente mate, acercándose así a la apariencia de un fresco, lo que acentúa el carácter plano que los define y que separados mediante líneas van creando la sensación de perspectiva.
Junto con el color, la luz es un recurso muy tenido en cuenta. Así lo confiesa el propio pintor. “Miro mucho la luz, y a veces consigo efectos casi mágicos. cuando está atardeciendo, el mural parece adquirir luz propia, porque recibe los últimos rayos de sol. Son juegos y efectos que se consiguen a base de resabio pictórico, observando meticulosamente y sistemáticamente los caminos de la luz”.
Este trampantojo nos traslada al barroco, al siglo XVII, todo un homenaje al teatro, a los corrales de comedias. Un entretenimiento que curiosamente compartían la realeza y el pueblo.
Otro elemento de interés, que está presente en la pintura velazqueña, es el espejo. El espejo con su multiplicidad de puntos de vista es además un desencadenante del juego de miradas.
Una calle que conserva reminiscencias de su pasado.  En ella sigue existiendo un teatro latente, en la calle hay comedia, hay drama y la mirada es lo que prima.
Sí, es un homenaje al barroco, tan lleno de efectismos y juegos ilusorios. El espectador que contempla la pintura, puede apreciar ciertas desproporciones como el alargamiento en la figura del monarca, que viene dado por la esbeltez de los edificios. Es una desproporción aparente, en realidad está proporcionado, es tan solo un efecto óptico.
Un chaflán con una identidad casi mágica por esos puntos de vista tan versátiles, se convierte en una llamada a la elucubración y a los juegos ilusorios.
No podemos obviar las alusiones al teatro, ya que en este mismo solar se ubicaba una de las corralas más famosas, “La de la Cruz”, además de las la referencia literarias calderonianas:
                                               Me engañan los ojos o el deseo.
                                               Donde existió un teatro
                                               ahora es sólo calle.
                                               ¿La calle ahora es un teatro?.
                                               ¿Me engañan los ojos o el deseo?.
                                                                        Calderón de la Barca
Un trabajo duro y un protagonista anónimo. El pintor que como ocurría en el arte románico, queda en la sombra, y pone su oficio al servicio de un fin social muy concreto, embellecer nuestro entorno.

Mercedes Sierra

TRAMPANTOJO 2
Ángel Aragonés
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