A través del olfato. Casa Museo Lope de Vega

Siempre encontramos algo novedoso en este Madrid literario, también llamado Barrio de las letras. Es además un rincón del Madrid de los Austrias, donde en el siglo XVII se asentaron los escritores que llegaban a Madrid buscando notoriedad en la capital.
Perderse en este barrio es un auténtico placer, desbordante de vida, que evoca épocas pasadas como nuestro Siglo de Oro Literario, con todo lo que ello conlleva. El auge del teatro, que en aquel momento era un divertimento popular y cortesano representado en los corrales de comedias (que protagonizaban una encarnizada rivalidad por el prestigio),  para ello utilizaban a los mosqueteros, unos personajes un tanto siniestros que jaleaban al público y que en cualquier momento arruinaban o ensalzaban una obra teatral.
Un universo literario confluye en el barrio. Escritores ilustres, academias, imprentas, librerías, teatros, el mentidero de los artistas y las Iglesias de San Sebastián y el Convento de las Trinitarias, por donde todos pasaban para recibir los sacramentos.
Además esta confluencia de escritores generaba comparaciones y la rivalidad se puso de manifiesto entre dos de los grandes, Lope de Vega y Cervantes. Este primero gozó de una gran fama en vida. Sus obras teatrales eran bien entendidas por el pueblo y esa admiración popular no se pudo acallar el día de su muerte; cuentan las crónicas de noticias, que fue acompañado por una multitud ingente de personas que le dieron su último adiós desde su casa a la Iglesia de San Sebastián.
Sin embargo, Cervantes paso muchas penalidades en vida, siempre tuvo casa de alquiler y fue despedido por los más íntimos, casi en un anonimato, desde su casa, en la calle Cervantes hasta el Convento de las Trinitarias. El paso del tiempo le devolvió con creces esa fama que se le negó en vida, de todos es sabido que El Quijote es el segundo libro más leído después de La Biblia.
Hoy nos detenemos en una iniciativa muy curiosa que nos propone la Casa Museo de Lope de Vega. Un recorrido por las estancias de la casa, que tenía huerto, oratorio y una biblioteca con más de 1500 volúmenes…
El artista Carlos Ramírez Pantanella propone una visita olfativa,  “recuperar los olores y compartir una experiencia psíquica atmosférica, mediante la distribución de pequeños frascos con esencias aromáticas distribuidos por toda la casa”.
Una visita en la que los ciegos se sentirán bien, ya que tienen muy desarrollado el sentido del olfato y dejamos relegado el protagonismo a la profusión de imágenes.
El olfato como conductor del recorrido es un “antioxidante” de las emociones, evoca con gran precisión el pasado y reaviva la memoria.
Como comenta el autor , “ Los paisajes olfativos, en oposición a las imágenes visuales, no envejecen, permanecen intactos en nuestra memoria a través del tiempo y resurgen décadas más tarde con la misma frescura que el primer día”.
Recuperar los olores de una estancia interior del siglo XVII es purificar el olor exterior de las calles de ese Madrid sucio del “agua va”.
Mercedes Sierra

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. José Luengo de la Torre dice:

    Muy bueno y muy bien escrito.

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    1. Gracias Jose. Tus comentarios siempre animan…

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  2. Daniel Rivadulla dice:

    Muy interesante, conjugando tantas cosas y percepciones a la vez! Daniel Rivadulla

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    1. Gracias Daniel, esta propuesta está dentro del programa de jóvenes artistas y ha sido todo un éxito. Se ha rescatado uno de los sentidos que más sufría en el XVII, el olfato.

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