La gestualidad de Pollock llega al Museo Picasso de Málaga

Fue el encargo que la excéntrica  Peggy  Guggenheim esperaba con impaciencia para decorar el recibidor de su apartamento neoyorquino de Manhattan y que  llega por primera vez a España el 20 de abril de 2016, al Museo Picasso de Málaga rodeado de un despliegue de medios costosos y fuertes medidas de seguridad.
Se trata de un mural pintado sobre lienzo, de grandes dimensiones, que en un primer momento se convierte en una auténtica pesadilla (el miedo que produce el lienzo en blanco). Superado este bloqueo inicial, el mural dio sus frutos. El resultado es una pintura con una personalidad muy singular, considerada por la crítica como el inicio del Expresionismo Abstracto Americano, la denominada “Action Painting“. Es además el descubrimiento de un  nuevo foco de arte situado en  América que se convierte en el  punto de mira a donde los artistas quieren viajar, usurpando el papel protagonista que había tenido la tradición  europea y el paradigma  parisino pasa a un segundo plano.
Pollock es uno de esos pintores que trabaja sin ideas preconcebidas, con una visión muy personal, que se plantea el lienzo como una provocación donde la huella emocional es lo que prima. La gestualidad del cuerpo completa esa impronta ancestral como un recuerdo encontrado en culturas primitivas.
Cuando estoy en el cuadro no soy consciente de lo que hago. Un cuadro tiene vida propia e intento dejarla aflorar” Jasckson Pollock. Efectivamente, cuando pintaba aunaba la conexión del pensamiento con la acción de pintar.
La pintura debía mostrar el proceso creativo. Lo importante es el acto de pintar. Las nuevas técnicas utilizadas por el pintor rallaban el esnobismo que suponía tirar el lienzo al suelo y comenzar el ritual. La tela se emborronaba  con la técnica del dripping que consistía en dar el color a través de una lata agujereada, sin ningún tipo de control,tal y como caía, salpicar la pintura con un pincel endurecido. Trapos y otros objetos eran bienvenidos en este proceso creador.
Hablamos por tanto de una pintura improvisada, sin ideas preconcebidas, abandonada a su propio caminar, lo que va surgiendo es lo que vale.
La gestualidad regula la relación del pintor con el lienzo. Ahora se pinta con el cuerpo, pies y manos recorren el cuadro dejando su propia huella emocional .
El resultado es un interesante mural donde todo está pintado, no hay hueco ni espacio en blanco. Se trata de abstracciones repetitivas, sin figuración alguna, que deambulan por el cuadro. Una concepción pictórica sin un sentido espacial, no existe ni arriba ni abajo.
Pollock dio un gran impulso a una estética basada en la acción. Cuando pintaba entraba en trance y lo que realmente le interesaba era la emoción que experimentaba durante ese proceso creador.
Su vida estuvo llena de excesos. Su alcoholismo, su adición al tabaco y el trastorno bipolar que padecía fueron preludio de una muerte anunciada; a los 44 años moría en un trágico accidente de coche.

Mercedes Sierra

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Jackson Pollock
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