La Magdalena penitente. George de La Tour

Hoy abrimos la puerta de esta estancia en penumbra y encontramos  a una mujer en silencio que voltea la cabeza dirigiendo  su mirada hacia el espejo y una luz artificial que proviene de la vela envuelve la estancia  en una calma tensa.
Sí, es ella, María Magdalena, la que aparece en el Evangelio y en varias ocasiones. Aquí  La Tour ha querido retratar el sentimiento de la persona que mira en su interior y contempla su  existencia disipada en el vacío del que no tiene nada que ofrecer. Ella fue una mujer pública, una pecadora arrepentida  que con el paso del tiempo llegó a ser santa.
Es un cuadro con todo el artificio del barroco, la luz tenebrista de fuertes contrastes (luz, sombra) no da paso al matiz y lo primero que nos viene a la mente es Caravaggio, la austeridad que se respira es propia de Zurbarán y el marco del espejo se resuelve en una ornamentación decorativa al gusto barroco.
Se trata  de una habitación  donde escasean los objetos que son  escogidos meticulosamente por la carga simbólica que  la sensibilidad de la época les confería. Empezamos por el espejo que siempre nos devuelve una imagen reflejada, en este caso se aprecia una visión oblicua y parcial trazada por una diagonal,  donde la  Magdalena se mira, mira su vida, pero no la quiere mostrar, contrariamente a lo que pasa con la vela, que si nos enseña su reflejo, proyectado desde la diagonal aludida, en el fondo se trata de dos visiones que confluyen y se funden (la diagonal y la frontal) buscando romper esa visión ordenada y clásica tan propia de los pintores renacentistas.
Un candil es el soporte de  esa vela cuya llama se prolonga como si quisiera ser eterna, es el paso del tiempo, los minutos, las horas, los días…
Por último, junto a nuestra protagonista y en un primer plano, encontramos un collar tirado en el suelo, es una joya que ahora desprecia  y que alude a la sensualidad de su vida malgastada, a un tiempo que no quiere rescatar.
Una mujer que pasa desapercibida ya que no vemos su rostro pero si la gestualidad de sus manos,  que sujetan una calavera, símbolo de la muerte y clave para desvelar un mensaje: “el vanidoso se agota en la contemplación de si mismo, corre en busca de la nada y malgasta su tiempo ante la certeza de la muerte que tarde o temprano a todos nos llegará”.

Mercedes Sierra

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