Metro de Madrid. Próxima parada Ventas

En el contexto moderno de la ciudad, la obra de arte se libera de su enclave tradicional. Los museos pierden su exclusividad y otros lugares cobran protagonismo. Un buen ejemplo de ello se encuentra en el vestíbulo de la estación de metro de Ventas (Madrid). Allí, José Luis Fernández González, en un entorno ciudadano muy sugerente, ofrece ese homenaje al mundo de los toros. Tema ampliamente tratado a lo largo de la historia del arte, y cuyo origen se puede encontrar en las representaciones de animales que el hombre primitivo unía a la denominada <<magia simpática>>.
Una vez en la estación del metro, la vista se detiene en este mural escultórico que envuelve al espectador. El tema está condicionado por el lugar: los toros, pero visto por un profano que espera que ocurra algo en el ruedo.
La obra vuelve a suscitar la polémica, ya superada, de los límites entre la escultura y la pintura. El artista lo define como mural escultórico. <<En realidad, los materiales que ahí se utilizan son más afines a la escultura, y su tratamiento es propio de este arte>>.
Se escogieron los materiales con una intencionalidad clara de perdurabilidad y resistencia, y en base al enclave de la obra. Según el artista, <<para mí  no había otra posibilidad que los metales o la piedra, y esta última fue desechada porque era necesario darle volumen y yo buscaba una superficie plana, que era donde mejor podía expresarme>>.
Los materiales empleados fueron seis planchas de acero cortén, que colocadas unas junto a otras, conforman el gran rectángulo que sirve de fondo a las chapas de cobre rojizo y latón amarillo que definen, a través de su diferente pigmentación, los propios elementos de la composición.
La superficie de acero cortén fue sometida a un proceso de oxidación para lo que se utilizó el acido sulfúrico; el acero adquirió así un color marrón y una textura irregular, chocando con el resto de los materiales que ofrecen una superficie totalmente lisa
José Luis Fernández González brinda en su mural un homenaje a la fiesta taurina, en siluetas que resistirán el paso del tiempo porque están colocadas simbólicamente, sin ligaduras a una forma momentánea y pasajera.
La escena se compone de una serie de elementos de la fiesta, entre ellos el abanico de una espectadora que nos introduce en la composición, siendo ésta abierta y con un movimiento envolvente de fondo marcado por la línea del ruedo, de manera que el espectador que pasa se encuentra inmerso en la plaza participando, de alguna manera, en lo que allí ocurre.
Las figuras se sitúan marcando una clara diagonal, como en el más puro estilo barroco. No hay agobio espacial, pero sí se ha buscado un desequilibrio compositivo: las masas no tienen la misma densidad en los dos lados. Tal distribución introduce al espectador en la problemática de la plaza en todas sus dimensiones: a la derecha, la soledad del torero, que se enfrenta en silencio al toro, promoviendo seriedad, preocupación y expectativa por lo que va a ocurrir; a la izquierda, la parte festiva de una corrida, con la presencia de un abanico como elemento simbólico y alusivo del público. Los distintos sentimientos quedan plasmados y no impiden encontrar referencias descriptivo-narrativas del mundo taurino; el matador, el mozo de espadas, el picador, el toro, los banderilleros y hasta el monosabio.
El valor estético de la composición viene dado por ese momento de tránsito entre una suerte y otra, elegido por el autor. Todo se encuentra en tensión esperando lo que  va a ocurrir, o cómo se van a desarrollar los acontecimientos. Se ha eludido el movimiento característico de las composiciones taurinas, dando por medio del estatismo una nueva visión, una vida oculta, un sentimiento de espera.
Las figuras se definen no solo por el color de los diferentes materiales, sino que a su vez están delimitadas por incisiones que matizan los detalles y formas del mural. Su esquematismo conduce a un valor sugerente. Los rasgos faciales no están plasmados, lo que hace que el espectador adopte un papel activo, de manera que supla con su imaginación los elementos sugeridos.
El color, que viene dado por la pigmentación de los distintos materiales, presenta una gama cálida de gran armonía. Se distribuye de manera ordenada: las figuras siempre en dorado, los animales y el ambiente en el rojizo del cobre, y la arena en marrón. De no haber sido así, se hubiera confundido unas formas con otras, creando en el espectador una visión caótica.
El rojo del cobre, el amarillo del latón y el marrón del acero oxidado se armonizan en una visión a la par vanguardista y dieciochesca.
Con esta hermosa obra el artista ha conseguido un horizonte taurino que sale al encuentro del espectador, sugiriéndole lo preciso, ambientándole sin retenerlo, a modo de preludio de lo que va a ver.

Montaña Sierra

vantas

descarga

Anuncios

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Jose luengo dice:

    Fantástico artículo!

    Le gusta a 1 persona

    1. Es un gran mural, muy interesante pararse a ver todo lo que se recoge de la fiesta taurina

      Me gusta

  2. Almudena Sierra dice:

    Una descripción muy interesante de un tema muy actual y muy debatido!

    Me gusta

  3. Una descripción muy interesante de un tema de actualidad y muy debatido!

    Me gusta

  4. Una descripción interesante de un tema de actualidad y muy debatido

    Le gusta a 1 persona

    1. Si aunque el tema es polémico, el mural recoge la visión artística, la observación del artista

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s