Cuando la geometría tiene nombre, Rafael Leoz

Entre grandes edificios, prisas  y ejecutivos bien trajeados conviven las 17 obras que conforman el Museo de Escultura de La Castellana, un espacio que no echa el cierre por las noches, que siempre esta ahí, engalanando nuestra ciudad, humanizando el entorno, a merced de todo aquel que quiere detenerse a mirar.
En 1970 fue inaugurado el gigantesco puente  elevado  que sirvió de unión entre dos importantes barrios madrileños “el de Salamanca y  el de Chamberí”,  que habían convivido separados por “el arroyo de la Fuente Castellana”. Un arroyo que con el tiempo y tras ser soterrado dio lugar a la arteria más famosa de Madrid el  “Paseo de la Castellana”.
La historia de este espacio público no acaba aquí, ya que dos años después de su inauguración,  el puente va a cobijar un importante museo de escultura que se formará con obras donadas por escultores de renombre: Miró Chillida, Martín Chirino, Pablo Serrano, Julio González, Alberto Sánchez, Álfaro, Rafael Leoz , Millares... y por último Eusebio Sempere;  que como todos donó una escultura,  fue el alma del proyecto, el auténtico gestor del museo que además ejecuta la barandilla con su exclusivo  diseño marcado por el  movimiento cinético que genera la  S en su repetición simultanea  y los originales bancos con formas inspiradas en la suela de un  zapato con alza…
Un espacio para el arte entre grandes edificios, prisas y ejecutivos bien trajeados.

Una parada obligada:

rafael leoz
Estructuración poliédrica  del espacio. Rafael Leoz

Línea recta, trayecto seguro que en su prolongación es otra recta.
Recta que sigue avanzando hasta alcanzar la geometría del cubo.
El cubo como elemento seriado que se repite una y otra vez, en una composición caprichosa – de más a menos- cuya lógica es difícil de entender.
Un espacio fragmentado  como ejercicio de experimentación y reflexión personal.
Juego de planos en descomposición aleatoria que obedecen a su propia rotación.
Trayectoria impecable, exacta y matemática, donde el número cuadra y se llena de belleza.
Diseño rotundo y ordenado, exactitud milimétrica, que se pierde en un laberinto sin pérdida.
cubos, hexágonos y poliedros, en una maraña de aceros atrapados en el pensamiento matemático, cuyo rotar es sometido a los límites que la geometría propone.
Línea recta que se prolonga en una recta, y en un cubo y otro cubo.
sin dejar paso al canto poético, musical y rítmico que genera la línea recta cuando se curva.

Mercedes Sierra

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