Recuperar lo perdido

Con ojos que miran a través de una lupa, nos acercamos a este conocido tema que Goya pintó como una más de esas escenas alegres, que transcurren al aire libre, que nos hablan de las costumbres y divertimentos de los madrileños del siglo XVIII.
Cuando el pintor llegó a Madrid y gracias a la mediación de su cuñado Francisco Bayeu, consiguió entrar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Isabel.
La Real Fábrica de Tapices fue fundada en 1720 por Felipe V, con la llegada a España de la mentalidad ilustrada y a imitación de los talleres reales franceses, donde cobraban vida los objetos de lujo. En ella se instalaron telares de bajo lizo que copiaban los diseños realizados por los pintores de la corte, ya que en este momento la ejecución de los tapices y el diseño de los mismos eran trabajos disociados. En este sentido Goya fue uno de los pintores más prolíficos, sus primeros trabajos en esta Real Fábrica comienzan en 1775 y concluyen en 1792 a causa de una grave enfermedad que casi le lleva a la tumba y que le deja sordo. Es ésta la etapa más alegre de Goya, donde se convierte en un cronista de la época, plasma las costumbres, la moda, los bailes, la venta ambulante e incluso las riñas populares…
En este caso, se trata de un tema lúdico e intrascendente que nos lleva a la infancia. ¿quien no ha jugado a la gallinita ciega?  Lo que vemos en este cartón es un grupo de personas jugando en un corro, una imagen cursi y amanerada, los protagonistas se mueven con excesiva delicadeza y enseguida nos viene a la mente el recuerdo de la estética Rococó.
Los rostros, todos iguales y repetitivos, en ellos no hay caracterización individual, no hay retrato de carne y hueso. Además nos deja un valioso testimonio de la denominada “moda goyesca”, no porque él fuera el creador, sino porque la inmortalizó con sus pinceles: las pelucas, el pantalón bombacho, la chaquetilla torera, las faldas de mucho vuelo, la cinturilla de avispa, las redecillas y esos zapatos puntiagudos con grandes hebillas para los hombres y plateados en las mujeres…
Para terminar os propongo enfrentaros al cuadro con ojos que miran a través de una lupa, en este caso nos referimos a la mirada de Almudena Sánchez, que es la que ha llevado a cabo el valioso trabajo de restauración.

Mercedes Sierra

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