Calder. En el Aeropuerto John F. Kennedy

Apolliner denominó,  su trabajo como “una escultura hecha de nada”, etiquetaba así esa sensación de ingravidez y ligereza que adquirieron sus móviles colgantes a los que dotó de movimiento por mecanismos naturales como las corrientes de aire.

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Escultura de Calder en la terminal 4 del Aeropuerto Jhon F. Kennedy

Sus móviles supusieron una renovación de lo que tradicionalmente se reconoce como escultura, en ellos se pierden conceptos inmanentes propios de esta materia artística, nos referimos a la solidez del volumen en  favor de la sencillez que adquirieron sus formas y a la ligereza de los materiales que utilizaba.

Sus esculturas se acoplaban al espacio en ubicaciones variadas, en ocasiones colgaban del techo, en otras de la pared o incluso del propio suelo . Un algo singular tenían sus móviles que dejaban flotando en el aire pequeñas partículas de color como si se tratara de un buen perfume que a pesar de aplicarlo en pequeñas cantidades deja su esencia por donde pasa.

En la terminal 4 del Aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York encontramos uno de sus móviles, que enseguida reconocemos como “un Calder”, en él se combina el aire ingenuo y lúdico muy mironiano  con la influencia ejercida por su amigo Mondrían en lo que tiene de abstracción y uso del color puro, sin degradar, en un único valor tonal.

Calder nacido en el año 1898  era de origen norteamericano, procedía de una familia de artistas y a pesar de ello estudió ingeniería (conocimientos que aplicaría después a sus diseños artísticos). En el año 1929 se estableció en París, junto con su esposa -Luisa James-  con la que compartió “50 años de alegre buen humor”. París fue una ciudad atractiva para él, allí conoció a muchos artistas que influyeron positivamente en su obra y a los que hemos aludido anteriormente,  quizás nos falte uno, Marcel Duchamp y sus famosos “ready made” (cualquier objeto fuera de contexto puede llegar a ser obra de arte). Así se expresaba Duchamp “los móviles de Calder son formas donde la gravedad es perturbada por suaves movimientos, dan la sensación de que llevan placeres que les son propios y que nada tienen que ver con el placer de rascarse”, “el arte de Calder es la sublimación de un árbol en el viento“.

La capacidad creativa de este artista le llevo a estudiar arte y a partir de aquí solo podemos hablar de su imaginación desbordante que plasmaría en sus caras con alambres, en su famosa serie dedicada al circo, en sus móviles en movimiento, en las esculturas estáticas  que conviven en un continuo diálogo con la arquitectura. En todo encontraba una fuente de inspiración, por eso también diseñó juguetes, joyas, y  llegó a pintar hasta coches y aviones…

Un artista con alma de niño que revolucionó la escultura y se convirtió en uno de los principales innovadores del siglo XX . Terminamos con las palabras de su amigo Fernand LegérNo es posible encontrar un contraste mayor que el de Calder, hombre de 100 kilos de peso y su obra ligera, transparente y móvil. Es algo así como un tronco de árbol en marcha. Desplaza mucho aire, detiene el viento, jamás pasa inadvertido. Es un elemento de la naturaleza, que se balancea, sonriente y curioso. Suelto en un apartamento, es un peligro para todo lo que es frágil. Su lugar está más bien en el exterior expuesto al viento, a pleno sol“.

Mercedes Sierra

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