“Intimidad”, Renoir en el Thyssen

La intimidad fue algo que siempre le llamó la atención, era la manera de mirar a través de lo más genuinamente privado, una manera de profundizar en lo esencial, un posicionamiento que nos genera inquietud, ya que él fue uno de los más destacados pintores impresionistas, (estos artistas pintaban directamente del natural, pretendían atrapar la luz y la realidad cambiante, hacían una pintura esencialmente visual). La intimidad sin embargo requiere otros registros, un detenerse, no una impresión…

Una exposición que aunque se recorre con la mirada, trata de seducir a través de las sensaciones táctiles (una caricia, la textura de una tela, el aroma de las flores, la belleza de un pelo que se peina, o la toilette femenina).  Estamos ante un pintor que nos habla a través de la intimidad del retratado -hecha suya- trascendiendo el propio lienzo para que el espectador experimente esas mismas sensaciones, por ello sus retratos siempre resultan cercanos.

El legado del pintor es un canto a la vida, a la alegría de vivir, a pesar de su salud maltrecha por una artritis reumatoide, una enfermedad que le afectó a los tendones de las manos, que poco a poco le fue minando y que con el tiempo se convirtió en una invalidez total, pero fueron más poderosas sus ganas de seguir pintando, era un sentimiento tan fuerte que ideó un sistema para seguir haciendo aquello que más le gustaba -pintar- ; así lo describe Isabel Espiño: “Cuando se le hizo difícil sujetar la paleta en la mano, primero la sostenía entre las rodillas y el borde del caballete,  después, pidió que se la fijaran sobre uno de los brazos de la silla de ruedas. Tampoco podía coger los pinceles, así que su mujer, su hijo o la modelo tenían que atárselos a las manos, esto podría explicar por qué empleaba una pincelada cada vez más corta y empezó a pintar sobre seco”… toda una historia de superación, un amor a la vida, una vida alegre y festiva (que esconde el drama de una enfermedad a la que quiso ignorar ) que tiene como tema recurrente la naturaleza, el eterno femenino,  los retratos y las escenas galantes…

Una de esas  exposiciones apetecibles del  panorama cultural madrileño que se puede visitar hasta el 22 de enero de 2017, en el Museo Thyssen.

La propuesta es un recorrido por 80 obras del  artista francés,  procedentes de museos y colecciones de todo el mundo. La muestra comienza con el impresionismo y el posterior abandono “dramático” que le supuso la ruptura con este movimiento, cuando cae en la cuenta de que no sabe pintar, del abandono del dibujo y que necesita volver a la tradición, a las escenas de interiores.

Si de algo se le puede tildar a este pintor es de  su empatía con el público, sus escenas llenas de color, de luz y pinceladas vibrantes nos hablan de un artista que por encima de todo amaba la vida, quería vivir.

Mercedes Sierra

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s