A Cristo Crucificado

Es tiempo de Semana Santa y la talla procesional de Gregorio Fernández pone imagen a este bello y famoso soneto anónimo del siglo XVI: “A Cristo Crucificado”.  Es esa la huella, que en la  memoria colectiva fue guardando la tradición oral, en ese paso generacional, como un legado que se enmarca dentro de la tradición devocional  -no mística- . Entre los posibles autores se barajan nombres tan conocidos como: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Fray Miguel de Guevara…

No me mueve, mi Dios, para quererte
el Cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el Infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; múeveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera Cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera Infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

                                                         Anónimo del siglo XVI

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