Al final de la tarde

Hablar de  Ernestina de Champourcín, es referirnos a una poeta que para el público general pasó desapercibida. Ella  perteneció a la denominada  “generación del 27”, fue alumna de Juan Ramón Jiménez, al que admiró por encima de todos. Ėl, fue ese referente al que acudir y que sin duda alguna dejó huella en sus escritos.
Una mujer que no tuvo una vida fácil y que consiguió hacerse un hueco en el panorama literario del momento. Nacida en Vitoria, en el año 1905, en el seno de una familia culta y aristocrática, desde bien joven dominaba el inglés y el francés a la perfección -algo inusual para la época y para ser mujer-,  pero su verdadera vocación estaba en la literatura, concretamente en la poesía.

En 1930 conoció al secretario de Azaña, Juan José Domenchina -también poeta- y con el que se casaría en 1936. A partir de entonces, los acontecimientos políticos impuestos por la guerra civil marcaron el periplo itinerante de destinos en los que viviría este joven matrimonio. Primero fue Valencia, después Barcelona y más tarde  Francia, en 1939 partirían a México donde establecieron su exilió definitivo. dando comienzo así a una nueva etapa, que a pesar de la dureza, sin embargo fue fecunda. Es entonces cuando publicó Presencia a oscuras, Cárcel de los sentidos y El nombre que me diste

En el año 1972 llega por fin el reencuentro con su amada España. Un acontecimiento que no fue fácil y que tiñó su poesía de sentimientos encontrados, de nostalgia, soledad y desarraigo, pero que abrió un camino -ya emprendido en México-  que le llevo a la infancia y a esa religiosidad adquirida en la niñez, como se puede apreciar en “Cartas cerradas” o “Poemas del ser y del estar”. En ambos casos, la pluma escribe con el sentimiento hondo y místico que despierta y arraiga con fuerza, cuando se encuenta la luz para guiar los propios pasos.

Mercedes Sierra

AL FINAL DE LA TARDE

Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.

Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.

Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa.

           Ernestina de Champourcín

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. proyectogray dice:

    Al final de la tarde
    dime tú ¿qué nos queda?

    Le gusta a 1 persona

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