Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda

Sonia Delaunay era una de esas personas que convertía en arte lo que tocaba, todo lo que pasaba por su portentosa imaginación lograba materializarlo en diferentes superficies. Lienzos, maderas, muebles, ropas, portadas de libros… Un talento que respiraba arte por los cuatro costados y una  facilidad para envolver el objeto cotidiano en color y sublimarlo al rango de arte o diseño.
Sonia desde los 5 años vivió con sus tíos en San Petersburgo. Este origen ruso -cuyo arte se decantaba por el uso de los colores estridentes y descontextualizados, además de la profusión de caras icónicas enmarcadas en el contraste de una línea negra envolvente-, es un claro recuerdo a la obra de Jawlenski, una influencia de la que no pudo escapar.
La educación de Sonia fue cosmopolita y en ese ambiente conoció a Max Liebermann, un buen amigo de su tío. Él fue el pintor que despertó esa sensibilidad innata que ella poseía y que culminaría con esos intensos años de formación en la Académie La Palette de París. Una ciudad que dictaba las modas estéticas del arte ( postimpresionistas y fauvista -cuya esencia era el color- y los cubistas -cuya esencia apostaba por una revolución de la forma-. En Sonia  Delaunay veremos este cúmulo de experiencias que marcan su obra. Por un lado se aprecia una invasión de colores, como si se tratase de un canto eterno de primavera, aunque también hay una revolución de planos y de formas geométricas que representa la influencia de Picasso y Braque, en ella encontramos un nuevo lenguaje creado junto a su marido, Robert Delaunay que se llamó “Orfismo”. Es una especie de cubismo con color que llega a la abstracción a base de planos vibrantes y de contrastes simultáneos. Pero volvamos a París, Sonia se sentía bien en esta ciudad y para no abandonarla contrajo matrimonio de conveniencia con un marchante de arte. Esta situación le permitió codearse con los pintores de vanguardia entre los que se encontraba Robert Delaunay con quien se casó en 1910. -“Me conquistó el poeta que llevaba dentro, el visionario, el luchador.” con estas palabras se expresaba la artista- . Ambos formaron uno de esos matrimonios donde el intercambio de pensamientos estéticos fue realmente admirable. “Él pensaba mucho y yo estaba pintando siempre. Coincidíamos en muchas cosas, pero había una diferencia esencial. Su actitud era más científica que la mía en lo que se refiere a la pintura pura, porque él buscaba una justificación a sus teorías.” S. Delaunay.
El año 1917, tras el triunfo de la Revolución de Octubre -Sonia dejó de percibir las rentas que hasta entonces cobraba y esto le llevó curiosamente al mundo de la moda-. Comenzó a comercializar sus creaciones, primero en Madrid donde abrió una tienda con sus propios diseños… En 1920 regresa a París donde entra en contacto con los dadaistas y surrealistas con los que colaboró estrechamente en la producción de escenografías teatrales y cinematográficas… La década de los 30 le llevó a los abstractos y en 1941 moría Robert, su inseparable marido. Sonia siguió trabajando, porque la vida continua y en el año 1964 llegó a ver un reconocimiento inesperado, fue la primera mujer a la que se le honraba con una exposición en el Museo del Louvre.

Del 4 de julio al 15 de octubre de 2017 en el Museo Thyssen. Una muestra que pone el foco en el periodo en que la artista y su familia residieron en Madrid, ciudad a la que llegaron hace precisamente 100 años.

Mercedes Sierra

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