Portia, una bodega con duende

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Como es costumbre en nuestra familia, nos reservamos unos días para reunirnos todos en una casita rural. Este año tocaba cerca de Palencia y al pasar por Gumiel de Izán me sorprendió poderosamente aquel edificio en medio del paisaje que tenía una fuerte personalidad. Enseguida le pregunté a google… y para mi sorpresa, se trataba de Portia una bodega diseñada por Noman Foster. Así que me puse a investigar.

En 2010, se abrieron las puertas de esta singular bodega perteneciente al grupo Faustino. Diseñada por Norman Foster, el prestigioso arquitecto, que en esta ocasión ha sabido armonizar todo el proceso que conlleva el cuidado de la uva desde que se recoge de la tierra hasta el embotellado final.

La exclusividad de esta bodega situada en la Ribera del Duero es aunar por una parte la funcionalidad del edificio -como bodega- junto a la creación de un importante espacio expositivo de arte, gastronomía y eventos. En la primera planta está situado el restaurante, totalmente acristalado y muy abierto a ese paisaje inicial de viñedos. La zona destinada a galería es un amplio espacio que acoge la colección Ars Fundum, formada por artistas contemporáneos españoles y portugueses. Actualmente la muestra presenta 74 obras variadas de diferentes disciplinas: pintura, escultura, vídeo, fotografía… exhibidas en un concepto de tránsito, no de permanencia y muy en consonancia con el espacio arquitectónico.

Acero, madera, hormigón y vidrio, forman parte de esos materiales “high tech” con los que este arquitecto se siente cómodo a la hora de equilibrar funcionalidad, modernidad y formas arquitectónicas.

Con las siguientes palabras explicaba Foster la esencia de su obra; “el corazón de una flor con tres pétalos” . Sí, es una flor y en el corazón de la misma, situado en la parte central, se recoge la uva que cae sin necesidad de bombeo por la inercia de la gravedad y después continúa todo el proceso. En el primer pétalo se lleva a cabo la fermentación que se efectúa en 46 depósitos troncocónicos de acero, para continuar en el segundo pétalo donde el vino se introduce en 6.000 barricas de roble francés y americano, controlando en todo momento unas constantes de temperatura, humedad y luminosidad (ya que el vino tiene que permanecer a oscuras). El tercer y último pétalo, es el del botellero, diseñado también por Foster, donde el vino se conserva ya embotellado. Aquí se controla la idoneidad del mismo y termina este cuidadoso proceso con la producción de cuatro vinos selectos para degustar en diferentes ocasiones: Portia Roble, Portia Crianza, Portia Prima y Triennia.

Modernidad y elegancia se combinan con acierto en Bodegas Portia. Con una personalidad propia donde la armonía es luz, materia y alma, todo un icono de la arquitectura del mundo del vino.

Mercedes Sierra

 

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