Julia, la amable ternura de una niña

Foto de Jana Zamacois

Durante un año, al menos, podemos disfrutar de esta cabeza de niña gigante llamada Julia. Con 12 metros de altura, ubicada en el antiguo pedestal de la Plaza de Colón, donde se encontraba la popular estatua del almirante,  se divisa enseguida desde cualquier punto adyacente a dicha plaza. Su presencia es rotunda e icónica y en este caso la visibilidad es una de las claves sobre las que trabaja el artista, justo lo contrario de lo que ha hecho con las cabezas femeninas e invisibles que actualmente podemos visitar en el Palacio de Cristal del madrileño Parque del Retiro.

Aunque Jaume Plensa es un artista polifacético, ha encontrado en la escultura una de sus formas más atractivas de expresión. Para él, la escultura es consecuencia de un amor a las ideas, que son las que están en el inicio de todo proceso creativo.  “He trabajado con muchos materiales, ya que la idea nace con un material y un volumen”, confiesa el artista. En esta escultura de Julia  ha utilizado la resina de poliéster junto con el polvo de mármol blanco y el resultado ha sido una cabeza muy rotunda, blanca, con un acabado muy pulcro y suave que acentúa la plasticidad del volumen y ofrece una imagen amable, humanizando así este espacio público con la armonía de un rostro sereno y versátil que se mira en la poética de las palabras.
Cerremos los ojos como hace Julia  y escuchemos en silencio la inspiración del artista:
“Nunca nadie ha visto directamente su propio rostro.
Creemos conocerlo gracias a la incierta imagen que nos devuelven los espejos.
Nuestro rostro es una duda que nos acompañará siempre.
Una duda que ofrecemos generosamente a los demás como el más fiel documento de lo que somos… de lo que creemos ser.
Cada rostro nos representa a todos.
Miles y miles de rostros entrelazados como palabras, como paisajes.
Como sueños.
Yo, tú, él, ella… El rostro nos pertenece a todos. Es el lugar común que nos convierte en comunidad, en el que hablamos todas las lenguas, en el que nos sentimos amados.
Julia está dirigida al corazón de nuestro ser.
Es un espejo poético y virtual en el que cada uno de nosotros pueda verse reflejado en sus preguntas más íntimas:
¿En qué y cómo podemos mejorar la vida de los que nos rodean? ¿De qué forma podríamos ayudar a los que pierden la casa o el trabajo?
¿Cómo ser útil a los que buscan un nuevo hogar huyendo de su país?
¿Habría alguna forma de frenar el hambre, la guerra o la violencia de cualquier género?
¿En qué medida se debería educar a los niños para crear una sociedad más justa y tolerante?
Etc. Etc. Etc.
¡Tantos rostros, tantas preguntas…!”.

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